lunes, 8 de junio de 2009

Orden para África

Al hablar de África, es inevitable que se piense en un caos. Un caos moral, económico, político, social. Y es que desde occidente vemos con lástima el desorden que se vive en el continente negro y pensamos en qué podemos hacer para cambiarlo. La verdad es que yo no quisiera remediarlo, y tengo una razón para ello. La maldad y el desorden deben existir, para que pueda existir, por otro lado, el orden y la bondad. Sino, no exisitiría la misericordia puesto que no habría a quien ayudar. Y la misericordia es uno de los pilares del amor, porque te hace inferior al ayudado; ponerte en sus zapatos y aún más abajo. Es se amor que te hace sentir vivo, útil, con propósito.

Lamentablemente para el pueblo africano, a ellos les tocó padecer lo que llamo el olvido de la mano de Dios. Y no es que Dios los haya olvidado... es que ellos -deliberadamente o no- le han dado la espalda, no han visto su rostro. Y hablo no sólo del Dios dadivoso del que tenemos idea en occidente, sino de ese Dios del Antiguo Testamento -del cual se toman Testigos de Jehová o los judíos- que viene a poner orden en sus Hijos. Ese Dios Padre que te entrega todo lo que necesitas, pero que te sugiere que hagas las cosas que Él ha pauteado para ti. Y no es que te obligue, sino que al hacerlas por amor, te llenas de él para poder propagarlo ante los que te rodean. Con ello, al mismo tiempo pone pautas. Aquellas que nosostros conocemos como moral y éticas, y que corren por nuestras venas como parte de nuestro ser, porque fueron puestas en nosotros desde que nacimos, a este lado del mundo.

Las leyes nos las dictan y la iglesia nos las recuerdan. En cambio ¿quién se las recuerda a los africanos? su gran variedad de dioses que sólo les entregan lluvias, comida, sexo... ¿y amor? Amor por el otro, respeto por el otro, ganas de ayudar al otro. No están. Porque nos las conocen, por tanto, tampoco las valoran.

Esa es la razón por la que África no puede ser cambiada. Aún cuando llegue un orden político, no lo aceptarán porque no existe en sus mentes -de la gran mayoría- la idea de autoridad. Aún cuando despotriquemos o nos quejemos ante Dios desde otros continentes, sabemos que Él está por sobre nosotros. Aún cuando escojamos no creer en Él o no hacer su voluntad, sabemos que ÉL está.

Para que África pueda tener un orden, sólo seguiré rogando a Dios que ilumine pronto a ese lugar y los llene de Su amor, misericordia, pero por sobre todo, Su orden. Y algún día me llevará hasta allá. A predicar.

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