La prueba fidedigna de que el mundo necesita algo en qué creer es la aceptación -y sumisión- al retórico discurso del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Astuto desde que dio su primer grito, Obama supo que no podría comenzar una carrera hacia la presidencia si es que no se hacía tecnócrata y no se reodeaba de los expertos en comunicación que le asesoraron tan bien, que lograron convencer al 46,7% de los norteamericanos de que "sí, podemos".
Aquellos que comenzaron a decirle -o refrendarle para no subestimar la astucia Obama- que en primer lugar no podría ser autorreferente, ya que el PUEBLO lo que menos quería escuchar es un "yo creo" o un "yo pienso".
¡Y es lógico! Un pueblo resentido por una guerra que "ellos" no empezaron, sino que lo hizo un presidente que, hasta donde ellos sabían, representaba el interés nacional. Hasta que George W. Bush se metió en la boca del lobo a pelear una guerra absolutamente familiar y, por ende, personal. Una lucha inútil en contra de su ego, derrumbado junto con las Torres Gemelas.
Paralelamente, desde el Senado, Obama aguardaba con paciencia el momento en el que ya no hablaría por él, sino que por y para el PUEBLO. "SU PUEBLO". Aquel que lo acogió desde los 10 años y que le vio crecer a fuerza de desprecios, reproches y discriminaciones. Pero que, sin embargo y sin rencores, "ama" lo suficiente como para querer levantarlo.
Ese es Obama. O como se pinta Obama. Un hombre que nació de sus enemigos para luchar por ellos. Y que recibe el grito enardecido de una nación que ya no puede más porque perdió todo en lo que creía. Que se derrumbó al ver como su becerro de oro se desplomó frente a sus ojos y que hoy busca con desesperación algo en qué creer.
Y se aferraron a lo distinto. A quien los abrazó y les dio un empujoncito. A quien les dijo que eran capaces si no perdían su esencia; que con un emotivo y patriótico discurso los amansó. No es dificil adivinar su estrategia.
Populismo diplomático, elegante, sofisticado.
Ojalá no sea un nuevo Jimmy Carter, porque en ese instante, sería el mundo el que buscaría algo en qué creer. No sólo Estados Unidos...
martes, 5 de mayo de 2009
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